Rubén Guerrero es muy crítico con el periodismo actual, nostálgico con el pasado. Para él, que sigue en activo por intentando alejarse del periodismo deportivo actual, los tiempos han hecho que en el periodismo -como ocurre con la sociedad en general- haya una pérdida de valores.
Actualmente ejerce en La Voz del Sur. Ha sido corresponsal en Jerez de MARCA y ha trabajado en diferentes medios de comunicación a lo largo de sus más de 20 años de experiencia. Ha sido colaborador de Cadena COPE y corresponsal de El Periódico de Catalunya. También ha mantenido una relación profesional con Canal Sur, Publicaciones del Sur, Localia Televisión y Cadena SER. Es fundador y director del medio Más Leer, dedicado al mundo de los libros y la cultura y ha escrito varios libros, algunos dedicados al mundo del deporte.
En esta entrevista, Guerrero analiza cómo las redes sociales, el espectáculo y la polarización han transformado una profesión que, a su juicio, ha perdido rigor, profundidad y esencia.
Desde que comenzaste en el periodismo deportivo hasta hoy, ¿cuáles dirías que han sido los cambios más profundos en la profesión?
Los que han llegado con la aparición de las nuevas tecnologías, que han obligado no solo a la adaptación al medio de los profesionales, sino también de los consumidores de información deportiva. En esta evolución (involución) muchos principios y valores se han quedado en el camino. Parece que ya todo vale. Ya no se trata de darlo antes que la competencia, ahora hay que ofrecerlo de la manera más explosiva para llamar la atención. Las redes sociales han hecho un daño brutal y el ego también ha aportado lo suyo.
¿Qué se ha ganado con la transformación digital y qué se ha perdido por el camino?
Se ha perdido muchísimo, el encanto de esperar a la mañana siguiente para leer el periódico, en el caso de la prensa escrita. Ahora es tanta la oferta, en una gran parte alejada de los medios, que la sobreinformación es brutal. Ya nadie se para a valorar y analizar el contenido. Se ha perdido esa magia de profundizar. Antes se reposaba más la información, las cosas dejaban huella. Hoy nos quedamos con los titulares, vamos pasando de noticia en noticia como si nada. Sí, cierto que al segundo nos enteramos de todo, pero ¿hemos ganado con esto?
¿Echas de menos algo del periodismo deportivo de tus inicios? ¿Y hay algo del actual que valores especialmente?
Como buen nostálgico, siempre me gusta echar la vista atrás cada dos por tres para recordar tiempos pasados. No es que se haya perdido el compañerismo, pero antes era diferente. Otro ambiente, esperas, charlas, competencia… Hacer guardia durante ocho horas en Montecastillo para que Maradona te deje tirado da para muchas conversaciones sobre la profesión, el deporte y la vida. Tengo la suerte de seguir en la prensa escrita, pero añoro el papel. La información deportiva, toda en general, ha cambiado tanto… Ahora vende mucho más lo extradeportivo, el lío, lo que ha hecho tal y cual, que si un equipo juega con un estilo o el rendimiento deportivo de un profesional. La polarización también es tremenda. Lo bueno del actual es el alcance, que con la digitalización, las redes y diferentes plataformas, llegas a más gente.
¿Crees que hoy es más difícil ejercer un periodismo deportivo pausado, reflexivo y con contexto?
Es mucho más complicado. Todo va tan rápido, hay tanta urgencia que es difícil detenerse. Si profundizas tienes el riesgo de que ya quede caduco el análisis. Hay otros tiempos y ritmos. El contexto al final lo va marcando el ruido.
¿Puede —o debe— un periodista deportivo ser neutral? ¿Dónde sitúas tú la línea entre información y opinión?
Antes al menos se disimulaba un poco más. Está claro que cada persona tiene sus filias y fobias, que es de una ideología u otra y que también pues tendrá su equipo. Ahora el concepto de credibilidad está marcado por el número de visualizaciones, por la audiencia o por los seguidores que tengas. Y vende ponerse la camiseta, el grito y el llanto, el circo permanente. El periodismo de camiseta es el que se ha impuesto. Ya no se busca la verdad objetiva, sino alguien que valide tus sentimientos. Se consume información si este piensa como yo. La información ya es solo el combustible para prender la llama del debate y la tertulia. Los datos objetivos se pierden por el camino. En las radios, por ejemplo, antes había una rivalidad a cuchillo. José María García y José Ramón de la Morena son la prueba, pero la información, la denuncia, era lo primero. Lo que vale ahora es el show. Y ya no es que cueste diferenciar la línea entre información y opinión, es que es difícil diferenciar en muchos casos entre periodista y forofo.
En un entorno local como el de Jerez, ¿es más complicado mantener distancia profesional respecto a clubes, protagonistas y aficiones?
Yo he logrado distanciarme bastante en los últimos años. En un entorno local es cierto que es más complicado porque los vínculos que se crean, tanto de afecto como de odio, son más fuertes. Lo importante, como en cualquier relación, es el respeto. En Jerez es de sobra conocida la realidad futbolística, con dos Xerez compitiendo en la misma categoría y con muchos sentimientos enfrentados. Nunca me he escondido ni me voy a esconder. He sido muy crítico con los gestores que llevaron a la ruina al Xerez CD, desde Luis Oliver a Ricardo García. La creación del Xerez Deportivo FC, nacida de una parte de la grada, la vi con buenos ojos porque creo en la gestión popular, ya sea en el fútbol o en otros ámbitos. Al igual que hay aficionados que son del Madrid o del Barcelona que no han estado nunca en un partido de estos equipos, ¿por qué en una ciudad no puede elegir una persona ser de uno u otro equipo? Simplemente, que cada uno sea consecuente con sus decisiones y respetuoso con quienes no piensen igual.

¿Crees que el llamado periodismo de bufanda perjudica al fútbol y a la credibilidad del periodista, o conecta mejor con la audiencia actual?
Estamos en una sociedad en la que nos gusta criticar en redes todo lo que no entra de nuestros gustos y opiniones. Y se busca consumir un producto, un mensaje, que está en la misma línea que el mío. La gente quiere conectar con lo que le identifica, desde su ideología política a su equipo de fútbol. En este sentido, el periodista de bufanda sí llega más, tal vez peor, que aquel que apueste por una línea neutral. Se ha pasado del periodista como notario de la actualidad al que se refería García al periodista-personaje-influencer. ¿Perjudica esto al fútbol? No sabría decir, pero lo que está claro es que el deporte queda en un segundo o tercer plano. Lo que importa es barrer para casa, olvidando la información y convirtiendo todo en opinión y entretenimiento. Después está el tema de la credibilidad, que va por barrios. Un fanático del Madrid pues defenderá a ultranza al periodista que va con la bufanda, la camiseta y hasta los calcetines blancos. Y viceversa con los del Barça o u otros equipos, si los hubiera, porque parece que solo existen esos dos clubes en la mayoría de espacios futbolísticos.
¿Se ha normalizado una excesiva militancia emocional en el periodismo deportivo? ¿Es reversible?
Al final la tiranía del algoritmo es la que manda y todo se mueve por el clic fácil. Y vende más una trifulca, el rifirrafe entre bufanderos, que un análisis táctico de un partido. La militancia emocional es barata de producir (no requiere investigación, información, rigor) y fácil de consumir, ya que es lo que quieren las plataformas digitales. Roberto Palomar, veterano periodista vinculado a Marca durante décadas, lo decía recientemente. El día que murió Leo Beenhakker estaba para irse de la redacción, pero pensó que no podía marcharse sin escribir algo sobre el que fuera técnico del Real Madrid. Tras escribir una cosa emotiva, la noticia no tuvo ningún recorrido. Casi nadie la leyó ni nadie se ocupó de posicionarla bien. Hasta a él mismo le costó encontrarla. Un detalle como ese le hizo pensar que era el momento de decir adiós. Como nostálgico de la profesión veo difícil un cambio en estos momentos. Lo que se vende (y lo que se demanda) está muy alejado del contenido de hace unos años.
¿Cómo valoras la evolución del fútbol hacia un modelo cada vez más empresarial y global?
Para mí es una involución y creo que llegará el día en el que el fútbol tenga que reinventarse, bien con modelos de equipos de fútbol popular o con otros conceptos en el que el aficionado sea tenido más en cuenta, tanto desde el punto de vista pasional como en cuestión de espectáculo. Los tiempos han cambiado, las nuevas generaciones van más deprisa, van pasando vídeos de las redes sociales o haciendo scroll infinitas veces al día. Sentarse cada dos días delante de la televisión durante casi dos horas para ver un partido de fútbol es algo que cuesta a la gente joven. Tal vez haya llegado el momento de replantearse cambios en las reglas para hacerlo más atractivo. Y soy un nostálgico al que lo que le gustaría es que el fútbol regresase al de décadas pasadas, pero quizás haya llegado la hora de una renovación, que ya ha sido planteada por algún que otro entrenador. La globalización ha traído un empacho de fútbol y de petrodólares. El dinero lo corrompe y manipula todo.

¿Qué impacto han tenido las sociedades anónimas deportivas en la relación entre los clubes y su gente?
Al final con las sociedades anónimas se ha creado esa bifurcación entre el vínculo emocional a los colores y la relación cliente-empresa. Como toda sociedad anónima, el dinero es lo primero y poco o nada miran por el aficionado más allá de cobrarle su abono a principios de temporada o la entrada cada domingo. Los dueños se apoderan del sentimiento de la grada para hacer uso de esa operación económica. Antes había un mayor sentido de pertenencia, de participación e incluso de conocimiento del día a día de un club. Actualmente, todo es mas opaco y se está viendo cómo equipos históricos como el Valencia están sufriendo de lo lindo por culpa de sus gestores.
¿Crees que el fútbol profesional se ha alejado del aficionado de base? ¿Puede el periodismo ayudar a recomponer ese vínculo?
Totalmente. El problema es que se han alejado tanto el fútbol profesional como el periodismo, más centrado en muchos casos en vender el contenido viral que en centrarse en transmitir los verdaderos valores del deporte, en este caso del balompié. El fútbol profesional, como pasa con los equipos con su cantera, solo se acuerdan de los aficionados para pedirle o en tiempos de vacas flacas.
Desde tu experiencia, ¿se informa lo suficiente sobre la gestión económica y estructural de los clubes?
Si pudieras volver atrás, ¿cambiarías algo de tu trayectoria profesional?
No cambiaría nada. He sido y soy un afortunado al poder dedicarme a mi pasión desde pequeño que no era otra que contar historias. He logrado cumplir esos sueños que uno tiene cuando está empezando y he tratado de disfrutar de cada momento. Lo que sí tal vez me hubiera gustado es poder hacer más radio. Ojalá pueda regresar algún día.
¿Cuál ha sido el mejor recuerdo o la noticia más especial que has vivido como periodista deportivo?
No recuerdo la noticia, pero sí el momento. La más especial fue la primera que publiqué para Marca, un medio al que estuve vinculado durante una década. De pequeño tuve un problema de salud que me llevó a estar ingresado en el Hospital de Cádiz durante más de un mes. Yo tenía nueve años y le pedía a mi madre el Marca, que lo leía a diario. Desde entonces comencé a soñar en llegar algún día a escribir para el periódico deportivo más leído en España. Con respeto a otros medios en los que he estado, cumplir ese sueño fue realmente especial.
¿Hay alguna historia que no pudiste contar como te hubiera gustado?
He estado en medios que siempre me han ofrecido todas las garantías para escribir desde la libertad, incluso en ocasiones yendo en contra de la línea editorial. He defendido mis publicaciones y he encontrado respeto para poder desarrollarlas. Lo que me hubiera gustado contar de otra manera es algunas publicaciones en años olímpicos. Me hubiera encantado escribir estando in situ.

¿Qué consejo darías hoy a un joven que quiere dedicarse al periodismo deportivo?
Doy talleres y charlas a jóvenes en institutos y me he encontrado con chicos y chicas que me cuentan que les gustaría ser periodistas. Mi consejo es que luchen por alcanzar sus sueños. Yo tuve en su día muchos obstáculos y zancadillas, pero no concebía un mañana lejos del mundo de la comunicación. No les diría aquello de que elijan un trabajo que les guste y no tendrán que trabajar ni un día de su vida porque echarle horas hay que echarlas en todos lados, pero hay una gran diferencia entre trabajar en lo que te gusta a hacerlo en un sitio que está lejos de tus pasiones.
¿Qué retos consideras prioritarios para el periodismo deportivo en los próximos años?
En este proceso de transformación radical que está sufriendo la profesión habría que redefinir algunas líneas rojas que se están sobrepasando a diario. Hay que poner límites al uso de la Inteligencia Artificial (IA), colocar en el centro de la información a la noticia y luchar contra los deepfakes. El reto deber ser mantener el rigor periodístico y convivir de la mejor forma posible con los creadores de contenido y con las nuevas plataformas digitales.
¿Eres optimista o pesimista respecto al futuro de la profesión?
Sobre el periodismo de antes, muy pesimista. Veo difícil que se pueda recuperar. Solo queda confiar en que esta nueva versión del periodismo conviva con los tiempos sin que se pierdan los principios. No todo vale por un clic o por conseguir más visualizaciones. Y aquí es donde a diario vemos barrabasadas. Aquí la culpa está repartida a partes iguales entre el periodista y la audiencia. Grandes trabajos de investigación se traducen luego en muchas visitas y resulta que cualquier chorrada se convierte en viral. En el equilibrio es donde estará el futuro.
¿Qué debería conservar el periodismo deportivo para no perder su esencia?
Que se mantenga la independencia crítica y que la profesión no se olvida de que escribe o habla para una audiencia. No se puede perder esa responsabilidad social ni acabar convertidos en relaciones públicas. Rigor, profundidad y el arte de contar como elementos necesarios para no alejarnos definitivamente de la esencia.